Google Ads para clínicas dentales: la agenda manda

Teléfono antiguo de disco, de latón, sobre un pedestal bajo, entre formas geométricas de arcilla

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Google Ads llena la agenda de una clínica dental con campañas de búsqueda separadas por el hueco que cubren: una de urgencias, que enseña el teléfono solo a quien está cerca y cuando alguien puede cogerlo, y una por cada tratamiento que quieres hacer crecer, con su propia página. Y hay dos tentaciones, perseguir al visitante con anuncios y nombrar el bótox, que Google veta.

Las guías que hoy encabezan esta búsqueda hablan de pujas y coste por clic. Esta pieza trata la parte de Google Ads que decide la dirección de la clínica, no quien lleva la cuenta: qué hueco llena cada campaña, quién coge el teléfono y qué no se puede hacer en salud.

Cada campaña llena un hueco distinto de la agenda

Una agenda dental tiene dos clases de huecos. Los de hoy y mañana, que solo llena quien tiene dolor y busca ya. Y los del próximo trimestre: las horas de sillón del implantólogo o del ortodoncista, que se llenan con pacientes que llevan semanas decidiendo.

El autocompletado de Google retrata a los dos. A «dentista urgencias» le sigue «24h» o «cerca de mi»; a «implantes dentales», «riesgos» o «en turquía opiniones» (consulta del 16 de octubre de 2026). Uno pregunta dónde; el otro, si puede fiarse.

Nuestro criterio: una campaña por cada hueco que quieres llenar, y la prioridad la marca la agenda, no el volumen de búsquedas. Anunciar ortodoncia en una sede cuyo ortodoncista no tiene horas libres hasta enero es pagar para que te pidan una cita que no puedes dar.

La campaña de urgencias vale lo que la persona que coge el teléfono

Quien busca un dentista de urgencias no rellena formularios: llama. Los recursos de llamada de Google Ads añaden el teléfono al anuncio y permiten elegir «que los números solo se muestren cuando tu empresa pueda atender las llamadas».

Eso obliga a decidir antes de gastar nada: qué sede atiende urgencias, en qué horario real y quién descuelga los sábados. A las once de la noche, el anuncio de urgencias de una clínica con la recepción cerrada trabaja para la clínica de guardia más cercana. Y quien llega desde el anuncio debería aterrizar en la página de su sede, no en la portada, como contamos en la página web de una clínica dental que llena la agenda.

Tu anuncio también lo ve quien solo se interesa por tu ciudad

Hay un ajuste que decide a quién pagas los clics. Según la ayuda de Google Ads sobre opciones de ubicación, la opción predeterminada, «Presencia o interés», llega a quien está o suele estar en la zona elegida y también a quien ha mostrado interés por ella, aunque no esté allí. El ejemplo de Google es una panadería de Sevilla cuyos anuncios pueden ver quienes «hayan mostrado interés en las panaderías de Sevilla».

La alternativa se llama «Presencia»: solo quien está o suele estar en la zona. Y la misma página aconseja plantearse esa opción cuando «tu empresa pertenezca a una categoría sensible con limitaciones de segmentación estrictas». Una clínica que anuncia implantes pertenece a una, como se verá enseguida.

Nuestro criterio: urgencias, siempre por presencia y con un radio corto; tratamientos, por presencia salvo que la dirección decida otra cosa. El paciente que viaja para tratarse existe, pero captarlo es una estrategia propia, no el efecto secundario de un ajuste que nadie tocó.

En salud, Google no te deja perseguir al paciente

Varias de esas guías recomiendan remarketing: volver a enseñar anuncios a quien visitó la web y no pidió cita. Una lo presenta como «ideal para implantes, ortodoncia y estética dental».

Las políticas de Google dicen otra cosa. Su página sobre salud en la publicidad personalizada incluye entre los temas sensibles los «procedimientos médicos invasivos, como la cirugía estética, las operaciones quirúrgicas y las inyecciones». Un implante se coloca con cirugía. Y quien anuncia algo de una categoría sensible, según la política de segmentación restringida, no puede usar «audiencias seleccionadas por ellos mismos»: ni listas de clientes, ni sus propios segmentos de datos, que es como Google llama ahora al remarketing, ni segmentos similares.

La base de pacientes no se sube a Google para anunciarse, y quien leyó la página de implantes y se fue no vuelve a ver tu anuncio por haberla leído. Por eso la página del tratamiento tiene que convencer a la primera: no hay una segunda oportunidad hecha a medida.

Bótox: el tratamiento que no puede salir en tu anuncio

Si tu grupo hace medicina estética, aquí está la prohibición más concreta. La política de Google sobre términos de medicamentos restringidos es tajante fuera de Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda: «No puedes usar términos relacionados con medicamentos con receta en anuncios ni en páginas de destino». En su lista de ejemplos figuran, tal cual, «botox» y «toxina botulínica».

La ley española apunta en la misma dirección. En el registro de medicamentos de la AEMPS, los medicamentos de toxina botulínica figuran con receta y como de uso hospitalario. Y el artículo 80.1 de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos solo admite publicidad al público de medicamentos concebidos para utilizarse «sin la intervención de un médico».

La consecuencia toca la web tanto como el anuncio: para Google, la página a la que lleva la campaña de estética tampoco puede vender el tratamiento por el nombre del medicamento. Y el artículo 6.2 del Real Decreto 1277/2003 limita la publicidad de un centro sanitario «a los servicios y actividades para los que cuenten con autorización»: si solo una sede tiene autorizada la medicina estética, la campaña lleva a esa sede y a ninguna otra.

Que Google apruebe el anuncio no lo hace legal

La propia Google deja la responsabilidad en el anunciante, en su política de publicidad personalizada: «Eres responsable de cumplir la legislación aplicable en todas las ubicaciones donde se muestren tus anuncios a los usuarios». Y el anuncio de una clínica es publicidad sanitaria: el mismo artículo 6.2 obliga a consignar en ella el número de registro del centro, y el artículo 44.1 de la Ley de ordenación de las profesiones sanitarias exige que sea «objetiva, prudente y veraz, de modo que no levante falsas esperanzas».

Nuestro criterio: un titular de anuncio no tiene sitio para matices, así que no debe prometer lo que solo es cierto en algunos casos. Cómo se consigna el número de registro en un anuncio de texto se pregunta a la autoridad sanitaria de tu comunidad antes de lanzar la campaña.

La conversión que cuenta es la primera visita, no la llamada

Cuando se activa el seguimiento de llamadas, Google crea una conversión llamada «Llamadas desde anuncios» que, según su ayuda sobre la medición de llamadas, «se incluye automáticamente en la columna «Conversiones»» si la llamada supera la duración mínima definida. Pero no solo llama el paciente nuevo: también el de siempre, que buscó el nombre de la clínica para cambiar la revisión, o el que pregunta precios y no vuelve. Si todos cuentan, la campaña aprende a traer llamadas, no primeras visitas.

Lo que llena la agenda se apunta en recepción: primera visita citada, de qué campaña viene y si acudió. Cómo devolver ese dato a Google lo contamos en Google Ads para B2B, y por qué las búsquedas con el nombre de la clínica van aparte, en cómo saber si tu campaña funciona.

Tres respuestas antes del primer anuncio

Antes del presupuesto, la dirección debería contestar, sede por sede:

  1. ¿Quién coge el teléfono, y a qué horas? Ese es el horario de la campaña de urgencias.
  2. ¿Qué tiene autorizado esta sede, y con qué número de registro? Es lo que puede anunciar.
  3. ¿Qué hueco de agenda queremos llenar este trimestre? Es el orden de las campañas.

Y a quien lleve la cuenta, otras tres: qué opción de ubicación tiene cada campaña, qué audiencias usa y qué cuenta la columna de conversiones. Si alguna respuesta es «la que viene por defecto», ahí hay trabajo.

Si quieres revisar las campañas de tu clínica con estas seis preguntas, escríbenos: en Monos llevamos Google Ads.

Actualizado el 30 de octubre de 2026.

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