Entre dos y cuatro meses desde la primera reunión hasta estar en línea: ese es nuestro criterio para una web corporativa hecha desde cero, y conviene decirlo así porque no existe un estándar del mercado. La cifra, además, esconde lo importante: el plazo real no lo decide el tipo de web, sino tu empresa — quién aprueba, cuántas personas opinan y cuándo llegan los textos y las fotos.
Por eso este artículo no trae la típica tabla de semanas por tipo de web. Trae el calendario por fases, la columna que casi nadie enseña —quién retrasa cada fase— y la lista de lo que puedes dejar preparado antes de firmar para ganar semanas sin pagar más.
Antes de la primera reunión, ¿por qué nadie puede decirte cuánto se tarda en hacer una página web?
Porque una fecha dada antes de conocer el proyecto no es un compromiso: es una suposición bien vestida. Quien la promete aún no sabe cuántas personas aprobarán cada entrega, quién escribirá los textos ni si alguien de tu empresa puede entrar en la cuenta donde vive el dominio.
El optimismo con los calendarios no es un defecto de tu proveedor: es la norma humana. La Ópera de Sídney debía estar terminada el 26 de enero de 1963; se terminó una década después, en 1973, según la cronología de la cadena pública australiana ABC.
Y no hace falta irse a la arquitectura: en un análisis de 1.471 proyectos tecnológicos, los investigadores Alexander Budzier y Bent Flyvbjerg encontraron que ocho de cada diez se desvían más de un 10 % de su estimación inicial de coste. Con las fechas, nadie ha demostrado tener mejor puntería.
Lo que un proveedor serio sí puede darte desde el primer día es una fecha condicional: «si los textos llegan tal día y cada revisión se responde en una semana, la web sale tal otro». No es una promesa más floja. Es la única honesta.
¿Cuáles son las fases y quién retrasa cada una?
Seis, y se llaman por lo que son. Lo valioso no es la lista: es saber de quién depende cada tramo del calendario.
- Decidir qué web hace falta. Reuniones, propuesta y firma. La retrasa tu propia casa: agendas de dirección y debate interno sobre qué se quiere.
- Estructura y textos. Qué páginas existen y qué dice cada una. La retrasa casi siempre tu empresa, porque aquí no se produce: se decide.
- Diseño. Cómo se ve y qué transmite. La retrasan las rondas de opinión: cada persona que opina añade una vuelta completa.
- Construcción. Montar la web de verdad, con sus reservas, su catálogo o sus idiomas. La única fase que es casi por entero del proveedor.
- Revisión y correcciones. A medias: el proveedor corrige en horas, pero «lo vemos la semana que viene» son siete días de web parada.
- Puesta en marcha. Dominio, correo, redirecciones. La retrasan terceros: el proveedor anterior, quien guarde las llaves de cada cuenta.
Y las fases no pesan igual en todos los proyectos. En la web de Happylandia —tres parques de ocio infantil en Vic, Manresa y Terrassa, cada uno con su propio sistema de reservas, y todo en catalán— cada contenido exigía tres decisiones, una por sede, y el idioma sumaba su propia vuelta a cada revisión. El mismo encargo con una sede y un idioma habría tenido otro calendario.
Si tu proyecto incluye reservas y cobro, además, tiene reglas de calendario propias: las contamos en la guía sobre páginas web con sistema de reservas, donde el plazo lo marca el número de decisiones, no el número de pantallas. Aquí seguimos con el calendario general, el que afecta a cualquier web.
¿Qué fase se come siempre el plazo?
La de estructura y textos. La construcción impone más porque suena técnica, pero tiene una ventaja enorme: es trabajo de otros. Los textos y las fotos son trabajo de tu empresa, y en tu empresa nadie tiene «escribir la web» en su puesto: se hace en los huecos. Cada semana sin textos es una semana en la que todo lo demás espera.
Es una mudanza: el camión cruza la ciudad en una mañana. Lo que lleva un mes es embalar la casa — decidir qué se queda, qué se tira y en qué caja va cada cosa. Y esa parte no la puede hacer la empresa de mudanzas por ti.
Hay webs donde la oferta no cabe en un menú simple: varias líneas de servicio, cada una con su público y su propia manera de terminar la visita. Lo exigente de un proyecto así no es montarlo; es que alguien decida qué tratamiento vive en qué sección y cuál merece la portada. Esa decisión no la puede tomar el proveedor. El calendario la espera.
La lectura de negocio es incómoda y útil a la vez: la fase que más retrasa es justo la que tu empresa controla. Ningún proveedor puede devolverte esas semanas; tú sí puedes no perderlas.
¿Cuántas personas tienen que aprobar, y qué cuesta cada una en días?
Nuestra regla —y la damos como lo que es, criterio propio y no ley del sector—: cada persona con derecho a veto añade, como mínimo, una semana al total. No por mala fe: por agenda. Cada aprobación es esperar un hueco, recoger una opinión y conciliarla con las anteriores.
A partir de la tercera persona, las opiniones empiezan a contradecirse entre sí, y el calendario deja de sumar días y empieza a multiplicarlos: ya no se espera una respuesta, se arbitra un empate. El titular queda corto para unos y largo para otros, y la web aguarda el veredicto.
Hay estructuras donde eso no se puede evitar, y lo serio es ponerlo en el calendario desde el día uno. El microsite con configurador 3D que hicimos por encargo de eltiempo.es —el portal meteorológico— para su cliente SimonRack nacía con la aprobación repartida: quien nos respondía debía, a su vez, responder ante su propio cliente. Cada entrega cruzaba dos mesas. Un calendario que ignore algo así no es optimista: es falso.
El arreglo no cuesta dinero: una persona con la última palabra, con nombre y apellidos, pactada antes de firmar. El resto opina en una sola ronda y a la vez, no en serie y cada uno cuando puede.
¿Qué puedes tener listo antes de firmar para ganar semanas?
Esta es la parte que casi nadie publica, quizá porque no vende nada: casi todo lo que acorta un proyecto ocurre antes de la firma y depende de ti.
- El nombre de quien aprueba. Una persona, no un comité. Y su agenda cuenta: si estará de viaje dos semanas en pleno proyecto, esas dos semanas ya existen aunque nadie las haya escrito.
- La lista cerrada de servicios o productos. De ahí sale la estructura de la web; cada cambio posterior reabre páginas que ya estaban hechas.
- Los textos, o quién los hará. Si los aporta tu equipo, que empiecen antes de la firma. Si los escribe el proveedor, reserva las horas para contarle el negocio: sin esa conversación no hay texto posible.
- Las fotos y el logotipo original. Sesión encargada o material reunido, y el archivo original del logotipo: el que usa tu imprenta, no una captura sacada del membrete.
- Las llaves del dominio y del correo. Dónde están contratados y quién puede entrar. Si además hay que llevar el dominio a otro proveedor, las normas de ICANN, el organismo que regula los dominios, impiden transferirlo durante los 60 días posteriores a su registro o a una transferencia anterior. Ojo al alcance: esto rige para los dominios que regula la ICANN, como .com, .net y .org; los .es dependen de Red.es y siguen su propio proceso. Ese reloj corre aunque todo lo demás esté listo.
- Quién redacta lo legal. Aviso legal, privacidad, cookies. Se encargan en una tarde —criterio nuestro— y se esperan durante semanas si nadie los pide a tiempo.
Nada de esta lista cuesta dinero; todo cuesta decisión. Por eso es la única forma de ganar semanas sin pagar más: adelantar las decisiones que, de todos modos, ibas a tener que tomar.
¿Cómo saber si la fecha que te han prometido es seria?
Si vas a comprometer esa fecha ante dirección general —o contra una feria— merece un interrogatorio breve. Cuatro preguntas bastan, y ninguna es técnica.
- «¿Qué necesitáis de nosotros, y para cuándo?» Una fecha seria llega con una lista de tus obligaciones, con sus fechas. Si el calendario solo contiene tareas del proveedor, no es un calendario: es un folleto.
- «¿Qué pasa con la fecha si nos retrasamos nosotros?» La respuesta honesta es que se mueve. «No pasa nada, lo absorbemos» significa que la fecha llevaba aire de sobra o que la calidad amortiguará el golpe.
- «¿Cuántas rondas de revisión incluye?» Espera un número. «Las que hagan falta» suena generoso y es la puerta por la que los proyectos no terminan nunca.
- «¿La fecha incluye la puesta en marcha, o solo terminar la web?» Terminar no es estar en línea: dominio, correo y redirecciones dependen de terceros con plazos que nadie puede firmar en su nombre — el bloqueo de 60 días de la ICANN citado arriba es el ejemplo de manual. Cuantas más sedes, idiomas o responsables tenga el proyecto, más manos cruza cada ronda de revisión: la puesta en marcha se planifica con esa aritmética, no con optimismo.
Y una señal final, aunque sea contraintuitiva: entre dos propuestas, desconfía por sistema de la fecha más corta y pregunta el porqué de la más larga. Quien promete lo que quieres oír antes de conocer tus decisiones está poniendo fecha a otra web: una en la que tu empresa no participa. La fecha de una web no se promete; se construye. Y la mitad de los ladrillos los pones tú.
Actualizado el 3 de septiembre de 2026.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se tarda en hacer una página web corporativa?
Como criterio de Monos —no existe un estándar del mercado—, entre dos y cuatro meses desde la primera reunión hasta estar en línea, siempre que textos, fotos y aprobaciones lleguen a tiempo. Los proyectos con reservas, venta o varios idiomas necesitan más calendario. La variable que más mueve el plazo no es el tamaño de la web: es cuántas personas aprueban y cuándo se entregan los contenidos.
¿Se puede tener una web nueva en una semana?
Publicar algo en una semana es posible; que represente a tu marca es otra cosa. Lo que no se comprime es la decisión: qué ofreces, cómo lo cuentas y qué imagen quieres dar. Si todo eso ya está decidido, aprobado y por escrito, un plazo corto es viable; si no, la semana existe solo en el calendario.
¿Qué retrasa más un proyecto: el diseño o los contenidos?
Los contenidos, con diferencia. El diseño y la construcción son trabajo del proveedor y avanzan con sus horas; los textos y las fotos son trabajo de tu empresa y compiten con el día a día de tu equipo. Por eso la forma más eficaz de acortar un proyecto no es meter prisa al proveedor, sino entregar los materiales antes de que el diseño los espere.
¿Con cuánto margen hay que empezar si la web debe estar para una feria o un lanzamiento?
Nuestro criterio: un trimestre de margen sobre la fecha del evento, sumado al plazo del propio proyecto. Las últimas semanas concentran los imprevistos que dependen de terceros —dominio, correo, accesos— y conviene que la web ruede unos días antes de que la vea todo tu sector, en lugar de estrenarse la víspera.
¿Por qué el proveedor pide los textos antes de diseñar?
Porque el diseño ordena lo que existe. Diseñar con textos de relleno obliga a rehacer cuando llegan los reales: los titulares no caben, los argumentos cambian, las páginas crecen o sobran. Entregar los textos primero no es una manía del proveedor: es la diferencia entre diseñar tu web y diseñar una web cualquiera con tu logotipo encima.